Gestión de riesgos: Ir un paso adelante

Gestión de riesgos: Ir un paso adelante

¿Alguna vez has apostado sumas considerables de dinero a tu equipo favorito, aunque no estuvieras 100 % seguro de que ganaría?  ¿ha pasado por tu mente la idea de volar a las vegas y probar surte en la ruleta de un casino?

Las apuestas han tenido muchas víctimas y alguno que otro ha sabido burlarlas; un caso muy famoso es el de Ashley Revell quien después de cambiar su nombre por Ashley Blue Square Revell vendió todas sus pertenencias incluyendo ropa y trofeos de su infancia para apostarlos en un juego de ruleta americana, duplicando la cantidad total de su cuenta bancaria, su caso pasó a la historia quizá por ser uno de los más arriesgados y afortunados de hecho, dio paso a la frase: Todo o nada.

El caso de Ravell es famoso porque le sucedió a uno de un millón o un billon de apostadores ávidos por ganar, pero ¿te imaginas el riesgo que corrió este hombre? Están también los casos de los vencidos, aquellos que se van a la banca rota o pierden hasta la sombra por las apuestas. La vida es un riesgo, solo se vive una vez, y la más reciente:  sin miedo el éxito papá, frases que de un modo o de otro inspiran a la creencia de que algo por si solo puede salir bien, o por el contario que existe algo que nos sobrepasa y que no se puede controlar, sea como sea se alienta a la acción sin considerar el riesgo que ella encierra.

Ahora ¿Qué es un riesgo?

La Norma ISO 9001:2015 nos dice que un riesgo es “el efecto de la incertidumbre sobre los objetivos”. Quizá esa incertidumbre sea lo que aliente a los apostadores. De acuerdo al Sistema de administración de Seguridad Industrial, Seguridad Operativa y Protección al Medio Ambiente, (SASISOPA) un riesgo es “la probabilidad de ocurrencia de un evento indeseable, medido en términos de sus consecuencias en las personas, instalaciones medio, ambiente o la comunidad” (DOF 13/05/2016) 

Vemos que el riesgo no es como tal el hecho indeseado en sí mismo, sino la probabilidad de que éste suceda. Es cierto que los accidentes pasan, la perfección siempre es un camino inacabado, sin embargo, el riesgo es la probabilidad, y las probabilidades se pueden reducir, no mitigarse al 100% pero darle el menor espacio a que aparezca y crezca es lo ideal.

Todo proyecto que esté por comenzar debe plantearse la pregunta: ¿Qué podría salir mal?

En muchas situaciones vemos solamente los beneficios que puede traer la apuesta sin observar los riesgos intrínsecos que hay en ella.  En el contexto de las organizaciones la pregunta (¿Qué podría salir mal?) cobra una dimensión macro, la razón es que estamos hablando de acciones que afectan a muchas personas a nuestro alrededor incluso a generaciones venideras por eso hay que considerar qué sucederá terminada la vida útil de la planta, además no olvidarse de tomar en cuenta los peligros en todas las etapas del proyecto: instalación, operación, y desmantelamiento. Pensar que afecta nuestro trabajo o a nuestro jefe y fin de la historia sería necedad, va más allá pues de la correcta identificación de riesgos y análisis de estos, dependerá que las futuras generaciones tengan tierras limpias, aire limpio y agua.

En el área industrial es importante un correcto estudio y análisis que nos revele las consecuencias de toda actividad, rutinaria y no rutinaria, para esto hay que conjuntar capital humano de varias espacialidades y con vasta experiencia, para lograr observar los riesgos reales y evitarlos. Convocar equipos de trabajo multidisciplinarios que tomen en cuenta tanto el aspecto económico, como el productivo, sanitario, ambiental, social, demográfico al mismo tiempo que el panorama mundial y las exigencias del nuevo siglo nos orillan, no sólo ir un paso adelante sino dialogar con estos equipos diversos, trabajado hacia el bien común.

Además, se pueden usar distintas metodologías para hacer el primer análisis, uno de ellos y el más común es el análisis FODA, que desde su esencia plantea la pregunta que podría salir mal en el apartado: áreas de oportunidad, y no podemos cerrar este articulo sin hablar de la probabilidad, herramienta que nos arroja la verdad a la cara, pues los números no mienten.

Es así que cada organización debe aportar perspectivas en muchos escenarios y ser flexible ante los constantes cambios, que, como hemos visto son una constante en estos tiempos. La Gestión de riesgos parte de una reflexión estructurada que servirá para garantizar la mayor seguridad dentro y fuera de la organización, es tener consciencia del impacto de las actividades, qué implicaciones tienen, acciones antes durante y después, y finalmente cuánto de eso que no se pude evitar, podemos reparar.

Plantearnos la respuesta a esta pregunta: ¿Qué puede salir mal? es tan sólo el primer paso para pensar dos veces antes de soltar los dados y repetir como oración: el que no arriesga no gana, el que no arriesga no gana… Hay modos de evitar el fracaso primero desde lo individual hasta lo colectivo pues es seguro que un equipo buscará y abrirá más de una senda por dónde transitar.

Al haber hecho el estudio y la identificación podemos decir sin rodeos: sin miedo al éxito papá. Seguro que será así.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *